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Por qué deberías ir a votar… aunque la política te importe una mierda

octubre 1, 2011 16 comentarios

Ante la cita que todo el electorado tiene el próximo 20N con las urnas hay muchos posicionamientos diferentes. Entre ellos, los más curiosos son los que no quieren ir a votar. El argumento que se interpone como razón para no hacerlo es variable, dependiendo de si se trata de abstencionistas activos o pasivos, pero en cualquier caso el efecto es el mismo: un voto menos…

Probablemente si estás leyendo este blog sí que vayas a votar el próximo 20N, pero seguro que sabes a qué me refiero, porque probablemente también hables con amigos y familia (o con desconocidos en la calle, en el trabajo, en el bar…) y te encuentres con pensamientos como:

  • ¿Por qué debería votar? Si la política no se preocupa por mí, ¿por qué voy a preocuparme yo por la política?
  • No voy a votar porque no estoy de acuerdo con el sistema, y es mi manera de mostrar mi rechazo, no participando en el sistema.

… o cosas similares. ¿Te suena? Incluso es posible que algunos de los lectores tengan esos argumentos en la recámara? Pues, querido lector, déjame decirte por qué deberías volver a revisar tus razonamientos y repensarte lo de votar el próximo 20N.

Si la política no se preocupa por mí…

Si eres de los que piensa que no hace falta que votes, porque pase lo que pase quien gobierne no se va a preocupar por tus problemas… ¡Mierda! ¡Tienes razón! Cierto es que el poder corrompe, y el dinero también, y el presidente (o la presidenta) de un país cualquiera siempre tiene ambas cosas. Pero, claro, aunque asumamos eso como una verdad universal, es un poco precipitado juzgar a todos los políticos por el mismo rasero.

Tú conoces cómo gobierna el PP, y conoces cómo gobierna el PSOE. Ya los hemos visto en más de una legislatura a lo largo de la historia democrática de nuestro país. ¿Pero conoces cómo gobierna el resto de partidos? Como mínimo les debemos, en justicia, el beneficio de la duda.

Y es que hay que empezar a diferenciar la política de los políticos. La política está en todas partes, es como Facebook. Por mucho que intentes no tener nada que ver con Facebook, no vas a poder evitar que un amigo tuyo suba una foto a Facebook, ni que la etiquete incluso aunque no estés en Facebook. No vas a poder evitar tener un correo electrónico, y tampoco que cada vez que un amigo se hace una cuenta en Facebook, te envíe una invitación. No vas a poder evitar que la gente hable de Facebook a tu alrededor. Por tanto, incluso aunque te niegues, Facebook acabará encontrándote, incluso aunque no tengas un perfil. ¿Y cómo vas a controlar qué publica en Facebook la gente sobre ti? ¿Qué vas a hacer si alguien te saca una foto que no te gusta y la hace pública? ¿Cómo vas a saber qué dicen en los comentarios? Al final acabarás con Facebook.

La política es como Facebook, no puedes huir de ella. Es posible que intentes convencerte a ti mismo (o incluso convencer a otros) de que como la política no se preocupa por ti, tú no tienes por qué preocuparte por la política. ¡Mentira! La política es todo. Cuando compras el pan, el IVA es política. Cuando conectas a Internet, los protocolos que se utilizan son política. Las empresas que en conjunto te posibilitan esa conexión son política. La relación entre ellas y sus trabajadores, son política. Tu contrato laboral (si eres de los que tienen uno) es política. Tu tarjeta de crédito o débito, y tu cuenta bancaria, son política. Todo eso está regulado por normas que se definen a mayor o menor nivel por los organismos de gobierno de cada territorio.

La política es la manera de definir las líneas entre los derechos propios y los ajenos y de definir las normas básicas de la convivencia y la cooperación en una sociedad. Hasta el derecho a poder entrar en tu casa (de nuevo, si eres de los que tienen suerte y la tienen), es política.

Y si eres de los que ni tienen trabajo, ni tienen casa… si eres de los que están marginados por la política… Piensa de nuevo. La política sigue ahí, marginándote. Pero eso no es por la política en sí misma. No vas a poder evitarla. La política va a seguir ahí, marginándote. Como Facebook va a seguir ahí, y la gente publicando fotos y comentarios. Pero puedes abrirte una cuenta y recibir una notificación cada vez que apareces en una foto o alguien te menciona en un comentario. Lo mismo puedes hacer con la política. La política está ahí, y si tú no haces nada por expresar lo que piensas sobre ella, no vas a evitar que los demás lleven la política a donde quieren. Puedes tener suerte y que eso te beneficie, o mala suerte y que te deje sin derechos. ¿Quieres correr ese riesgo? Y, cuando las cosas se pongan feas para ti, ¿qué argumentos vas a poner a tus quejas, si ni siquiera aprovechaste la oportunidad que la política te brindaba a expresarte?

En nuestro país, es cierto que la política excesivamente representativa nos deja a los ciudadanos poco margen de maniobra para expresarnos. Pero por poca que sea, hay que utilizarla. No vale tirar la toalla antes de tiempo. Si ni siquiera haces ese pequeño esfuerzo el 20N de salir a votar, ¿qué argumentos te quedan para decir que no te gusta el sistema? ¡Oh, sí…!

Yo no voto porque no creo en el sistema

Claro, es tu manera de protestar contra el sistema. Mira, sinceramente, el sistema tiene muchos fallos. En eso estoy de acuerdo contigo. Pero muchísimos. Pero voy a ponerte un ejemplo. Digamos que en tu casa tienes una fuga de agua. Eso es un fallo. Digamos que tienes una fuga de gas. Eso es otro fallo. Digamos que tienes goteras. Eso es otro fallo. Son muchos fallos. ¿Piensas hacer tu vida normal sin preocuparte siquiera por uno de ellos?

Lo lógico es que tomes alguna acción para solucionar los problemas, porque si no, los fallos de tu casa van a ir a más. La próxima vez que enciendas el calentador del agua podría explotarte la casa en la cara; la próxima vez que lloviese podría caerse parte del techo; tendrías hongos y humedad… o peor la casa encharcada… Los problemas irán a más si no haces nada.

Nuestra democracia tiene muchos problemas. Cuando la definimos nos parecía una maravilla, una utopía, algo genial. Normal, teniendo en cuenta de dónde veníamos. Eso de poder elegir cada cuatro años era una pasada. Pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que hay cosas que hay que cambiar. Y no me refiero precisamente a la birria de cambio que nos han colado en la Constitución. Sí, hay que cambiar la Constitución, pero en cosas más importantes que nos interesan a todos y no solo a Europa (o Alemania). Sí, hay que revisar las Leyes Orgánicas y permitir al pueblo escribir y aprobar Iniciativas Legislativas Populares de ese calibre. Entre ellas hay que revisar la Ley Electoral, que reparte los escaños de una manera que da vergüenza ajena…

Hay que cambiar muchas cosas en nuestra casa. ¿De verdad vas a quedarte viendo la tele? ¿Qué tipo de protesta es esa? “Mi casa se está hundiendo, pero como no estoy de acuerdo con que se hunda, no pienso hacer nada; sería como reconocer que es mi casa”. Es que es tu casa, ¡coño! Y no puedes evitar la política. Pero hay algo que sí puedes evitar, si quieres mojarte, claro…

Políticos no es igual a política

El gran problema que tiene la inmensa mayoría de los votantes es que confunden la política con los políticos. Estamos hartos de Rajoy y Zapatero. Y empezamos a estarlo de Rajoy y Rubalcaba. Cierto. Pero hay gente que tiene fe ciega en el uno y en el otro. Eso también es cierto. De hecho sabes (porque lo sabes) que lo más probable es que el 20N haya una abrumadora mayoría que de su voto a Rajoy. De hecho millones de españoles ya se lo dieron hace siete y tres años. Es concebible que se lo vuelvan a dar. Pero también habrá gente que se lo de por no dárselo al otro, a Rubalcaba.

Igualmente hay gente que está encantada con Rubalcaba. No lo niegues. Hasta si te pareciese la encarnación del Demonio, sabes que hay gente que piensa diferente. Es la esencia de la democracia. Todos podemos pensar lo que queramos y expresarlo libremente. E incluso intentar convecer a otros. Aunque no tengamos argumentos para defendernos. La política (no los políticos) nos permite saber que eso hay que respetarlo. Es lo que llamamos “libertad de expresión”.

Pero si sabes que va a haber millones de votos para uno y para otro, y no te hace gracia ninguno de los dos porque eres de los que no está de acuerdo con el sistema, ¿de verdad vas a dejar que el sistema decida por ti? Porque sabes que es lo que va a hacer si no haces nada.

Como te digo, estoy de acuerdo en que el sistema tiene sus fallos, pero también te deja un resquicio para que lo soluciones. Y tienes tres opciones:

1) No hacer nada: Básicamente se trata de hacer lo que pensabas hacer. Pero, ¿con qué cara vas a mirar a la gente y decirles “no voté porque no estoy de acuerdo con el sistema”? Que no estés de acuerdo con el sistema no significa que el sistema no esté de acuerdo contigo. Es más, el sistema se cura en salud diciendo que te dejó votar. Si tú no lo hiciste, es tu problema. ¿Entiendes la lógica a la inversa?

2) Hacer algo: Eso incluye cualquier acción orientada a cambiar las cosas que están mal en el sistema. Desde votar, que es la manera más simple y fácil, porque es la que te ofrece el propio sistema, hasta salir a la calle a quejarte, montar tu propio partido o asociación, presentarte tú, promover iniciativas populares, mover mentes en la calle, Internet, en tu casa, en el trabajo… pero lo más básico es utilizar el único resquicio que te deja el propio sistema para cambiarlo.

3) Huir: Pero eso no te saca del sistema. El sistema te perseguirá donde vayas. Ya sabes, como Facebook. Seguirás teniendo que ir a comprar el pan, seguirás necesitando una casa, un trabajo. Incluso si te vas a un lugar perdido en las montañas a cultivar tu propio jardincito, y tu propia comida, y a cuidar tus vacas o tus cabras, cuando las vacas del vecino se coman tus coles, o cuando tengas que comprar materiales para reparar el techo de tu casita… Vas a necesitar al sistema, porque no vas a poder evitar al ser humano eternamente. Y la política está allí donde hay más de un ser humano.

Tú verás qué haces, pero yo te recomiendo que aproveches toda oportunidad para cambiar un sistema que no te gusta. Que votes no significa que el sistema te guste. Significa que vas a utilizar todos los medios a tu alcance (tanto los que te ofrece el sistema como los que no) para cambiarlo, sea desde dentro o desde fuera. Porque el objetivo es cambiarlo como sea. Por eso, votarás el 20N, y votarás a alguien que quiera cambiarlo desde dentro. Aunque sea a Ciudadanos en Blanco, para que, si es posible, en las próximas elecciones la abstención activa sí cuente. Pero también seguirás quejándote y tratando de convencer a más gente en la calle, en tu familia, en el trabajo…

El sistema va a tener en cuenta tu abstención para absolutamente nada. Pero un voto dado a cualquiera que no sea el bipartidismo nacional es un voto que compensa el voto borreguil de los que siguen pensando que el binomio PP/PSOE tiene la solución a los problemas de este mundo. No te digo que votes a cualquiera, pero sí que, entre los que se presentan, votes al que más represente tu idea de cambio, para que el sistema no tenga más remedio que escuchar tu voz y la de muchos otros como tú.

Entre todos podemos cambiarlo, desde fuera y desde dentro. #votaaotros

Avance del día de reflexión: La gráfica que no veréis en los medios

mayo 23, 2011 8 comentarios

Realidad y ficción

abril 24, 2011 2 comentarios
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Quedan 29 días #nolesvotes

Ayer me pasó otra vez. Un amigo de malestar se pasó por casa, a charlar con mi amigo eloso (que ha venido a hacernos una visita esta semana santa desde Madrid) y conmigo sobre #nolesvotes y el resto de movimientos sociales de estos últimos meses. Hablamos de posibilidades de movilización de cara a este último mes, de lo que va ocurriendo en malestar a nivel nacional y local… y en eso, me comentó que tal o cual persona, a pesar de todo, seguía convencida de que la mejor opción era abstenerse. Y ese fue el momento en que me quedé de piedra.

Dándole un par de vueltas al tema, acabas entendiendo su postura. “No hay nada que me represente al 100%”, o: “Es la única manera de cambiar el sistema”, o: “Estoy en contra del sistema”, o: “Creo que todos los partidos son iguales”, o: “Al fin y al cabo mi voto va a perderse entre la maraña de otros votantes”, o: “No hay ningún partido que realmente quiera regenerar la democracia”…

Llevo luchando contra esos pensamientos desde que abrí este blog. Son los pensamientos más destructivos de la democracia y la razón es sencilla: hay una disfunción entre lo que el sistema entiende con tu abstención y lo que tú entiendes con tu abstención.

Malísima nos lo comentaba ayer:

No estoy de acuerdo con algunas afirmaciones. ¿Qué es eso de que abstener equivale a “me da igual”? De eso nada. Abstenerse no por comodidad ni pasotismo, sino como postura política (sí, postura política) es una actitud crítica contra el sistema. Es el voto en blanco el que sí equivale a “me da igual”, puesto que se acepta el sistema pero sin pronunciarse sobre tal o cual opción política.

Además, los ciudadanos no elegimos; en todo caso, elegimos de forma cercenada o manca. Los partidos presentan listas CERRADAS por ellos mismos (incluyendo incluso con desvergüenza a imputados y corruptos) y, una de dos, o lo tomas o lo dejas. No hay elección libre, sino condicionada.

Soy consciente de que el problema de la abstención consiste en que, en la mayoría de las ocasiones, es muy difícil de intepretar. Pero no siempre es así. Me remito, por ejemplo, el último referendum (oficioso) en Barcelona sobre la independencia de Cataluña: ¡sólo un doce por ciento de participación! La abstención, en ese caso, fue un auténtico grito parecido a un “¡basta ya de tonterías!”.

¿Cómo voy a participar en un sistema que considero tan injusto como corrupto yendo a una urna a depositar un voto aunque fuera nulo? Me integrarían en el “grado de participación ciudadana” y en un posible “éxito del sistema”. Me niego a ello.

No votaré para hacer el caldo gordo a un engranaje político promovido por un Estado que aplica un sistema proporcional tan injusto como descorazonador; en el que las listas se votan por los ciudadanos como si comulgaran con ruedas de molino; y en el que ninguno de los partidos que se presentan propone no ya la desaparición, sino, al menos, la reforma de un Estado de las Autonomías que es una sangría para el ciudadano, un semillero de discordias entre regiones y un majestuoso pesebre para gentes en su mayoría incapaces de ganarse la vida como los dioses mandan.

Lo dijo Aranguren allá por 1979 (¿ya nadie se acuerda de Aranguren?): “el Estado de las Autonomías es el resultado de unos políticos ávidos de cargos públicos”.

Saludos.

La ficción: no votar significa gritar contra el sistema

Como Malísima, mucha gente opina lo mismo: que abstenerse es una crítica al sistema. Básicamente piensa que abstenerse es negar el sistema, como un voto en contra al conjunto de las cosas que han desembocado en el actual sistema pseudo-democrático en el que vivimos, basado en una circunscripción electoral dividida que provoca que los votos de cada español no valgan lo mismo, una ley electoral que castiga a las formaciones pequeñas con la ley D’Hont y un poder judicial politizado… por poner unos ejemplos.

Pero todo eso es ficción: en tu cabeza piensas que en realidad, con tu abstención puedes cambiar algo. La realidad dice otra cosa.

Ponías como ejemplo el referéndum sobre la independencia de Cataluña. Un referéndum no vinculante que no pasaba de una consulta popular sobre la polarización de la ideología ciudadana. Tal vez lo que no se sabe tanto es que este referéndum no se ha hecho en toda Cataluña para todos los catalanes, sino solo en las comarcas del interior de Barcelona y de Girona, donde CiU y ERC (fuerzas independentistas) son más fuertes electoralmente. El hecho de que no sea vinculante hace que la gente no se lo tome tan en serio… Pongamos un ejemplo tecnológico para comprenderlo.

Digamos que hemos montado una web con un blog apoyando un partido o un candidato político determinado. Por ejemplo el de mecaeguaysoniacastedo.es. Todos sabemos que la gente que se atreve a visitar ese blog va a ser gente muy politizada a favor del PP de Sonia Castedo y gente muy politizada en contra (como yo, por ejemplo) para criticarlo. Imaginemos que los administradores montan una encuesta en el blog y llaman a todos los internautas a votar algo… como por ejemplo “¿Quieres a Ripoll como número 2 en la lista a la alcaldía de Alicante?”. Cerca del 100% de los votos será un “No” porque el público (target) al que va dirigido el blog es todo de gente en contra de Ripoll… Pero por supuesto, votaría muy poca gente, como mucho unas 100 personas, que comparativamente con la población electoral de Alicante, significaría una abstención de casi un 99%.

¿Podríamos decir que Alicante está en contra del sistema? ¿Podríamos asumir que el que la encuesta tenga tan alta “abstención” es “un auténtico grito parecido a un “¡basta ya de tonterías!” “? Pues no. Lo que quiere decir es que la gente bien no se lo ha tomado en serio, o bien ni se ha enterado.

La realidad: tu abstención no va a cambiar nada

Asúmelo: la abstención no es “difícil de interpretar”, es imposible de interpretar. Los políticos buscarán todas las excusas posibles y disculparán la abstención. Al final, lo que valdrá, será el voto de la mayoría, aunque haya ido a votar menos del 50% de los votantes. A los políticos (y me refiero a los políticos de siempre) les va a dar igual.

Malísima ponía como ejemplo el referéndum no-vinculante de la independencia de Cataluña de hace unos días. Yo voy a poner el ejemplo del referéndum vinculante del estatuto de autonomía de Cataluña. Abstención: 51%. Resolución: “Sí rotundo”. ¿Perdón? ¿Me he perdido algo?

Si realmente la abstención significa “estoy en contra del sistema”, los Catalanes, que estaban votando su “constitución” gritaron a voz en cuello con una abstención superior al 50%. Pero el resultado no fue así. A todos los efectos, el estatuto de autonomía fue aprobado por más del 73% de los votos a favor, pese a que ese 73% solo representara a menos de la mitad de los electores catalanes. El supuesto “grito” de la mitad de la población catalana que se abstuvo, fue mutilado.

Conclusión: vota

La conclusión, al ver la diferencia entre lo que los abstencionistas tienen en la cabeza y lo que el sistema entiende cuando nos abstenemos es que la única manera de que el sistema nos entienda es usar las reglas del mismo para boicotearlo. La abstención como crítica solo funciona en países donde el voto es obligatorio, y en el nuestro no lo es. Por tanto hay que buscar una manera más eficiente de que el sistema entienda nuestra voz.

#nolesvotes es una gran idea. De hecho muchísimos abstencionistas han acabado dando la razón a la idea. Y la idea es simple. En lugar de quedarte en casa y abstenerte… en lugar de votar nulo o blanco… usa el sistema, sí, pero para boicotearlo.

Existen fuerzas políticas que representan tus ideales. Desde los ideales más de derechas hasta los de más de izquierdas, hay partidos que los representan. Hay partidos que tienen propuestas muy interesantes, totalmente revolucionarias, en contra del sistema actual. Hay partidos, incluso a nivel nacional, que promueven las listas abiertas, la circunscripción única, la abolición de la ley D’Hont, la idea de “una persona, un voto”, la separación del poder judicial… Y hay partidos que, tras conseguir el apoyo de suficientes ciudadanos, han hecho propuestas una y otra vez a favor de todos esos cambios radicales en el núcleo del sistema. Sin embargo, por no tener suficientes votos (debido en gran medida a las abstenciones de gente que no evalúa los programas electorales) esas propuestas se quedan en agua de borrajas, porque el PPSOE las bloquea. IU y UPyD son ejemplos de esto.

Antes de decirme que ningún partido te representa, que todos son iguales, que ninguno quiere cambiar el sistema, ¿por qué no investigas los programas electorales? Los grandes partidos quieren que no votes, porque tu voto a favor de otros partidos es una décima menos en su porcentaje electoral… un escaño menos en su hegemonía. Por eso les interesa que sus votantes acérrimos les voten, y que los desengañados no investiguemos. Pero tu abstención les va a dar la victoria. No te abstengas. #nolesvotes, pero vota.

Edito 19/5/2011:

Primero que nada, pediros disculpas porque no puedo desactivar en WordPress.com los anuncios de Google. Parece que tienen ganas de hacer guasa y hay anuncios alrededor de este post del PP y del PSOE. Los repruebo profundamente y no me aportan ningún beneficio. Os recomiendo que escribáis a WordPress para hacer presión y que me dejen desactivar esa opción de mi blog, porque parece que no puedo hacerlo.

Segundo, si después de leerte este blog sigues pensando en la abstención como la mejor opción para tu voto, porque piensas que se va a entender como un voto en contra del sistema o porque crees que es la única manera de deslegitimar el sistema, lee este otro post que escribí más tarde (“Realidad y ficción”). Son solo dos minutos. Si sigues pensando en abstenerte después y no puedes o no quieres votar a Ciudadanos en Blanco, perfecto. Si sigues pensando en votar nulo, solo te pido una cosa, no utilices una papeleta electoral, sino un flyer de #nolesvotes o algo parecido. Ten en cuenta que si utilizas la papeleta modificada de un partido político, los interventores intentarán luchar por ella. Y si los de la mesa electoral no son muy duchos en materia electoral, podrían llegar a contarlo como un voto válido.

Por último, no dudes en dejar un comentario si quieres. Los reviso, apruebo y, en caso de creerlo necesario, respondo todos personalmente. Últimamente estáis muy activos y no llego a todos, pero poco a poco los atiendo todos, prometido.

Por qué pienso #nolesvotes

abril 20, 2011 Deja un comentario
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Quedan 31 días #nolesvotes

Van a cumplirse dos meses publicando a diario acerca de #nolesvotes y, aunque he hablado largo y tendido del movimiento, de por qué salir a votar el 22 de mayo y no quedarse en casa, de qué otras opciones hay además de PP y PSOE… Pero no os he hablado de cómo llegué a ser nolesvotiense.

Por mi rango de edad, pertenezco a ese 65% de la población española (echad cuentas con los datos del INE) que no tuvo la oportunidad de votar la actual constitución española. Con mis 26 primaveras (contando esta) he visto cómo el PSOE era sucedido por el PP de Aznar, he visto cómo era reelegido con mayoría absoluta, he visto aflorar como setas grúas y construcciones de moles de cemento que nunca han llegado a habitarse en una enorme burbuja inmobiliaria, he visto con rabia contenida nuestra entrada en la guerra de Irak, he visto cómo los pueblos del mundo se echaban a la calle, he visto cómo víctimas inocentes morían en innumerables atentados (de hecho, he sufrido uno en mis propias carnes), he visto cómo el PSOE de Zapatero echaba al PP de Aznar con su “talante”, he visto ese “talante” transformarse en insultos, descalificaciones y oraciones incendiarias lanzadas desde uno y otro bando… He visto muchas cosas… Pero nunca había hecho nada.

Pero un día llegó mi amigo eloso por Twitter y me dijo. “¿Has visto eso de #nolesvotes?” Y yo no sabía a qué se refería. En ese momento me metí en la página inicial del movimiento (www.nolesvotes.com) y leí parte de su wiki (http://wiki.nolesvotes.org). Leí más, me informé, eloso intervino en esa tertulia… Y en un par de horas vi la lógica de toda la idea.

No te pedimos el voto para ningún partido concreto, ni que votes en blanco, ni que te abstengas, sino que te informes para comprobar que existen alternativas.

La idea era tan sencilla que es absurdo que a nadie se le haya ocurrido antes. Se trata de reutilizar el sistema para darle la vuelta a la tortilla. Y lo mejor: no había cabeza visible. No había líder a quién seguir. Simplemente era una idea, con la que cada cual se sentía identificado, motivado a fomentarla y proclamarla si quería, sin tener que rendir cuentas a nadie. Me gustó.

En todas las elecciones (y muy especialmente en las elecciones municipales y autonómicas) hay innumerables fuerzas políticas pugnando por cargos en la administración local y autonómica. Sin embargo siempre acaban ganando las mismas: PP, PSOE o CiU. Curiosamente, las fuerzas políticas más votadas son las que menos escuchan al ciudadano. Ejemplos de ello tenemos para aburrir: La guerra de Irak, la jubilación a los 67 años, el canon digital, la ley Sinde… Y no importa si uno u otro están en el poder porque… ¡Oh, vaya! ¡Ambos están en el poder! Uno por si solo con mayoría simple puede no tener peso, pero ambos son tres cuartas partes del Congreso… si tienen que hacer algo para perpetuar sus escaños, se pondrán de acuerdo y nos dejarán de lado a los ciudadanos… eso seguro.

En definitiva, el ciudadano está vendido… ¿O no?

Es evidente que no ir a votar, pese a ser una forma de protestar, no va a cambiar las cosas. Ya ha habido elecciones con más abstenciones que votos a la primera opción parlamentaria, y nadie ha hecho caso. Es más, ya ha habido elecciones que superaban el 50% de abstenciones y nadie ha hecho caso. Para más INRI, los europarlamentarios que tienen su escaño pese a la abstención de más del 55% de los electores, se han creído con el derecho de cobrar las dietas de los viernes sin estar presentes y de volar en primera clase

Es evidente que votar en blanco, pese a ser una forma de protestar, no va a cambiar las cosas. Votar en blanco dificulta cambiar las cosas. Hace más difícil a las formaciones pequeñas conseguir el porcentaje mínimo que se requiere para conseguir escaños según la ley D’Hont, una de las grandes lacras de nuestro sistema electoral. No, un voto en blanco no es un escaño vacío, es un escaño que se quita a una formación pequeña y que se distribuye entre las grandes. En la práctica, es votar a lo que vote la mayoría.

Es evidente que votar nulo no va a cambiar las cosas, a menos por supuesto que quien vote nulo sean los votantes férreos del PPSOE. Me encantaría que en estas elecciones, cuando metieran su papeleta del PP o del PSOE, tachasen a todos los imputados en casos de corrupción en esas listas. Ya que no van a votar a un partido pequeño, como mínimo podrían tener la deferencia de no votar a gente corrupta, tachándola de la papeleta, ¿no? Pero el resto de los votantes sabemos que eso provocaría un voto nulo, que a todos los efectos funciona como una abstención.

Y, personalmente, yo quiero que cambien las cosas.

La idea es sencilla. Utiliza el sistema para cambiar el sistema. No te abstengas, no votes en blanco, no votes nulo… pero tampoco votes a los de siempre. Esto va a polarizar mucho el voto, sí, pero va a dejar a la ley D’Hont sin efectos prácticos y, lo mejor… va a obligar a los grandes partidos a tener que escuchar a los más pequeños, que muchas veces tienen muchas mejores ideas, pero muchos menos votos.

Para eso, lo primero que tienes que hacer es escucharles, currarte tu voto. Porque no se trata de votar al tun-tún. La democracia no es votar. La democracia es elegir, y para elegir hay que estar informado. Pero niégate a que te coman el tarro los de siempre. Ya sabemos como funcionan de sobra. Ya sabemos que nos prometerán el oro y el moro hasta que consigan nuestro voto… y después, nada (a menos que tengas mucho dinero, en cuyo caso serás amigo suyo y formarás parte del próximo escándalo corrupto-político).

La idea es sencilla, clara y tiene todas las de funcionar. Solo hace falta gente convencida, así que había que empezar a convencerla. Ahí es donde mi amigo eloso y yo nos retamos mutuamente a escribir al menos una vez al día sobre la idea #nolesvotes.

Dentro de poco hará dos meses que escribimos. Entretanto hemos aprendido a tratar con candidatos, con televisiones, con medios de comunicación, con trolls, con twitter, con facebook, con otras formaciones (como #malestar o #democraciarealya), hemos recibido críticas, destructivas y constructivas, hemos compartido impresiones, denunciado injusticias, promovido ideas y, lo mejor, hemos convencido a más gente.

A todos los nolesvotienses que me siguen en el blog: gracias. A todos los que todavía no os habéis “convertido”, pensadlo dos veces, informáos y veréis que es una idea fantástica y que puede funcionar. Y si decidís uniros, hacedlo con fuerza y comenzad a convencer a los vuestros también. A todos, gracias por estos dos meses, y ánimo. A por el mes que nos queda.

#nolesvotes

Abstenciones, votos blancos y votos nulos… #nolesvotes

marzo 4, 2011 478 comentarios
78

Quedan 78 días #nolesvotes

Si eres de los que está hasta la coronilla de la pandilla de acomodados que tienes en el gobierno, en la oposición y en otros asientos libremente distribuidos en el panorama electoral español, y muy especialmente, si estás harto o harta de que, a pesar de todo, se sigan repartiendo el pastel entre ellos sin hacerte caso a ti, es muy probable que estés deseando hacer lo mismo con ellos y mandarlos a todos a freír espárragos.

Probablemente has pensado en votar en blanco, votar nulo o, directamente, no moverte de la butaca de tu casa el 22 de mayo. Si es así, tómate diez minutos y lee este post mientras te tomas el café, porque voy a intentar hacerte ver de qué sirve cada una de las tres posiciones tal como están las cosas en España, con los datos en la mano y por qué #nolesvotes no te recomienda ninguna.

La abstención

#novotes es un hashtag que se deja ver junto con el de #abstencion mucho al igual que el de #nolesvotes. A veces incluso juntos. Pero no revueltos. No son lo mismo. Cuando alguien te dice que no votes, o decides no votar estás absteniéndote de expresar tu opinión en las urnas. Abstenerse es simplemente no votar. Quedarte en casa el día 22 de mayo viendo la tele y punto.

La diferencia sutil entre la gente de #novotes y la de #nolesvotes es que mientras la primera te dice que te abstengas, la segunda te dice que no te abstengas, pero que no votes a los de siempre. ¿A quién hacerle caso? Por supuesto, a quien tú quieras, el voto es tuyo. Pero antes de decidir toma esto en cuenta.

Si no votas, probablemente es para expresar tu descontento con la situación de la política española. Probablemente digas “estoy en contra de un sistema que me toma el pelo, así que no participo en el sistema“. Algunos de los que han montado la página de Facebook de malestar.org, piensan así. Muchos de vosotros seguro que también. No obstante, los no-votos en el sistema electoral español no cuentan nunca. Ni para mal, ni para bien.

Pongámonos en antecedentes. Si leísteis mi post del martes, ya sabréis la historia de las elecciones catalanas. En 2010 igual que en 2006, la fuerza más votada en las elecciones catalanas fue la abstención, con un 40% y 43% de abstenciones respectivamente. Ningún partido superó esos porcentajes en ninguna de las dos ocasiones. Ni siquiera el partido más votado, CiU. De hecho en las de 2006, a pesar de no haber ganado ninguno, los partidos del tripartito se propusieron tumbar al partido más votado y juntando sus cachitos, hicieron gobierno por encima de la voluntad popular.

El caso del referéndum para la Constitución Europea es el más chocante. Según el Gobierno, de cara a la Unión Europea, fuimos el primer país en aprobar la Constitución Europea por mayoría en referéndum. El caso es que sí, el 76% de los votos fue para el sí, por lo que la Constitución fue aprobada por una amplia mayoría. Eso sí, solo fue a votar el 42% del censo. Casi el 60% de los españoles se quedó en casa. Fue la participación más baja de toda la historia de la democracia. ¿Sirvió para demostrar algo? No. La Constitución se aprobó pese a ello.

Por lo tanto, en España, la abstención no significa que estés en contra del sistema. En España tu no-voto se va a tomar como un voto a la mayoría. Un “me da igual lo que salga, ya veremos cómo me las apaño luego”. Si realmente te da igual lo que salga, perfecto. Si te da igual que suba el paro, la gasolina, las hipotecas, la delincuencia… En fin, eres libre de no votar. Pero si estás hartito o hartita de este tinglado, no tienes más remedio que ir a votar si quieres que se te oiga. Si no, tu abstención se la van a pasar por el forro.

Curiosamente, echando la vista atrás, si revisas los datos de todas las elecciones generales en España, la abstención nunca ha bajado del 20% ni ha subido del 32%. Eso quiere decir que siempre, más de dos terceras partes de los votantes censados ha ido a votar. ¿Pero sabes cuándo se ha ido a votar más masivamente? Cuando había necesidad de cambio.

  1. En 1977. Hubo solo un 21% de abstenciones, a pesar de que los españoles estaban poco acostumbrados a votar, recién saliditos de una dictadura. ¿Por qué? ¿Las ansias de cambio, quizá? ¿La necesidad de validar la nueva democracia? ¿Las ganas de ser ellos mismos quienes decidiesen su futuro? Seguramente. Las siguientes elecciones de 1979, obligadas tras ratificar la Constitución, volvieron a dar a UCD como ganador. Parece que la gente ya daba las cosas por logradas, porque la abstención (la gente del “me da igual”) subió al 31% de golpe, hasta que pasó algo gordo.
  2. En 1982 se registró la menor abstención de la historia. El 80% de los españoles salieron a votar masivamente. Solo el 20% se abstuvo. De nuevo con las ansias de cambio. Adolfo Suárez había dimitido. Acabábamos de tener el famoso 23-F. La democracia había subsistido, mantenida con palillos y había que revalidarla, no fuese a ser que a alguien se le ocurriese quitárnosla. Sin duda, un momento histórico que, también significó un cambio. De UCD pasamos al PSOE de Felipe González.
  3. La abstención volvió a fluctuar en torno al 30% hasta otro mínimo: en 1996. Bajó hasta el 22,6%. Curiosamente con otro cambio: los votantes escogieron al PP después de una serie de escándalos del PSOE. Y ahí se quedó hasta que se le ocurrió meterse en la guerra de Irak.
  4. En 2004, después de haber pasado por otro despunte superior al 31% de no-votos al “me da igual”, la abstención volvió a bajar hasta el 24% a favor del cambio. El cambio relativo. El cambio de nuevo al PSOE, que lleva ahí desde entonces.

Como queda patente, la lectura que se hace en la sociedad y la política españolas del no-voto o abstención no es de rebeldía contra el sistema. Es más bien de continuismo. Las elecciones en las que hay abstención, mantienen el status quo conseguido en las anteriores. Las elecciones en las que hay alta participación generan cambios.

Si pretendes quejarte con tu abstención, te recomiendo que consideres una mejor manera de hacerlo, porque si no, te van a tomar por el pito del sereno.

El voto nulo

El voto nulo es el voto ambiguo. Los votos con papeletas no oficiales, votos a más de un candidato, votos rotos, votos con dibujitos, etcétera, todos esos son votos nulos, porque aunque el votante se ha personado para dar su voto, el voto no se atiene a las reglas de los votos.

Este voto, igual que las abstenciones, no suma votos en el cómputo global de votos emitidos y, para los efectos, es lo mismo. Se registra como nulo para que la contabilización al final de la jornada, entre válidos, nulos y abstenciones, sume el 100% y nadie diga que ha habido tongo.

Históricamente, en España, siempre ha habido muy pocos votos nulos. En las generales sólo ha superado el 1% las primeras 4 elecciones de 1977, 1979, 1982 y 1986, y se lo podríamos achacar perfectamente a que estaban todavía aprendiendo cómo funcionaba eso de votar.

El hecho de que el voto nulo no sea computable lo hace una muy mala elección si quieres cambiar las cosas. A todos los efectos, en España funciona igual que una abstención. Y si las abstenciones no hacen nada por el cambio, imagínate lo que hacen los votos nulos que prácticamente no superan el 2%.

En #nolesvotes te podríamos pedir que votaras a “Conejitos suicidas” o al “Partido de la Pantoja de Puerto Rico“, o a cualquier chorrada que te viniese a la mente. Incluso meter una pegatina de #nolesvotes en el sobre. Daría igual. Tu voto sería igualmente nulo y dejarías las cosas igual, porque tu voto no sería válido. Sería papel mojado.

El voto en blanco

Según la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General, en su artículo 96, punto 5: “Se considera voto en blanco, pero válido, el sobre que no contenga papeleta y, además, en las elecciones para el Senado, las papeletas que no contengan indicación a favor de ninguno de los candidatos”.

¿Qué los diferencia de una abstención o un voto nulo? El tema de que sea un voto “válido”. El voto en blanco es válido porque sí cuenta para el cómputo final de votos. Pero si te piensas que se va a traducir en escaños en blanco, te equivocas de pleno. Entonces, ¿qué se hace con ellos?

Si has oído que son votos que se dan al partido más votado, o que se distribuyen entre los más votados, no es cierto. Pero sí perjudican a los partidos menos votados. En España no se utiliza un sistema proporcional normal y lógico, en el que cada partido se lleva el tanto por ciento de escaños que ha conseguido en las urnas. En España utilizamos una complicada fórmula matemática, la ley d’Hont (explicada pasito a pasito aquí y aquí), con una regla de salida básica: si no llegas al 3% de los votos, no entras en el juego. Los votos en blanco, aunque no se le reparten a nadie, sí que hacen el saco de votos más grande, con lo que los porcentajes, se hacen más pequeños. Como consecuencia los partidos con menos votos salen perdiendo.

Además, los artículos 68 y 69 de la Constitución Española establecen que la circunscripción electoral para las elecciones generales (Congreso y Senado) es la provincia. Eso quiere decir que, aunque un partido se pase del 3% en el recuento de votos nacional, si provincia a provincia no llega al 3%, queda eliminado. En las últimas elecciones generales, le pasó a IU de manera escandalosa. Aunque sacó más votos que CiU en las elecciones al Congreso, sacó 8 diputados menos. ¿Por qué? Porque circunscripción a circunscripción había quedado eliminada, a pesar de tener un total nacional superior.

En las próximas elecciones municipales y autonómicas pasa tres cuartos de lo mismo. Cada autonomía tiene su propia Ley Electoral, siendo la Valenciana de las más hirientes contra los partidos minoritarios, ya que eleva el mínimo al 5%. No obstante, como la circunscripción electoral sigue siendo la provincia, aunque un partido llegue al 5% global en todas las provincias de la autonomía, o incluso al 10%, o al 12%, no tendrá acceso a escaño si no llega al 5% al menos en una de ellas.

Luego, votar en blanco hace más difícil a los partidos pequeños más difícil llegar a obtener escaños, o lo que es lo mismo, hace más fácil a los partidos mayoritarios obtenerlos. De ahí que el voto en blanco acreciente las injusticias electorales y que #nolesvotes no te lo recomiende.

En todo caso, hay una iniciativa llamada “Ciudadanos en Blanco” que te proponen que les votes a ellos. Ellos a cambio, cada escaño que consigan lo dejarán vacío, siempre que legalmente sea posible. Y cuando no lo sea, no lo defenderán ni votarán en los plenos, excepto si es para votar que los votos en blanco se conviertan en asientos vacíos en una futura Ley Electoral.

En resumen

Estás jodido. O jodida. Porque te puedes quejar todo lo que quieras, tenemos libertad de expresión, pero si no sales a votar el 22 de mayo, las cosas no van a cambiar. Claro, viendo que abstenerte no es una opción, romper tu papeleta tampoco y dejar el sobre vacío menos todavía… ¿qué hacemos?

#nolesvotes es una gran alternativa. No es un partido político, ni es una organización. Es una idea. Una idea lógica después de haber visto lo que acabas de ver. “Si no quiero el sistema actual, no quiero votar PP, no quiero votar PSOE, pero no quiero tampoco que salgan elegidos por mi inacción, porque me tienen hartito, voto a los demás.”

¿Qué consigues con eso? En primer lugar, si diversificamos el voto, la ley d’Hont es más difícil de aplicar y menos abusiva. Repartir los escaños entre cinco partidos donde dos quedan eliminados y otros dos tienen en conjunto el 70% de los votos restantes es favorecer el bipartidismo. Si bajamos ese 70% y subimos el resto, favorecemos que la representación en las cortes autonómicas y los ayuntamientos sea más equitativo y castigamos verdaderamente a la clase política asentada, porque entonces es cuando verdaderamente pierden poder.

En segundo lugar, ayudamos a que las formaciones políticas que quedan injustamente excluidas por la barrera del 3% o el 5% y la circunscripción electoral tengan opciones a conseguir escaños en las autonomías. Aunque no consigan todos los que les corresponden por derecho porcentualmente, al menos tendrán la oportunidad de dejar oír su voz y defender tu voto.

Por último conseguimos un cambio aún más grande: en la ciudadanía. Porque #nolesvotes no te pide que des tu voto indiscriminadamente a cualquiera. Te pide que te informes de las alternativas y escojas la que te parezca mejor a ti. La ciudadanía tiende a pensar que si no votamos PP hay que votar PSOE, porque PP y PSOE nos invitan a pensar así. Pero eso no es cierto. Hay otros partidos a los que, tal vez por ser pequeños, tal vez por pensar que no van a llegar a ese 3%, tal vez por pensar que es tirar tu voto, no les das ni la oportunidad de leerte su programa electoral. ¿Y si tienen ideas buenas? ¿Vas a permitir que se pierdan esas ideas por seguir la misma tendencia de siempre? ¿Y si quieren cambiar este sistema electoral por uno mejor? ¿No sería eso digno de ser votado?

Pues ale. Si ya te has terminado el café, piensa sobre todo esto. Compártelo con quien quieras. Busca alternativas. Pero sobre todo, el 22 de mayo #nolesvotes, pero vota.

“Todo es la misma mierda. No votes a nadie.”

marzo 1, 2011 24 comentarios
81

Quedan 81 días #nolesvotes

Sé que a muchos os ha gustado la publicación que escribí el viernes: “Pues yo no entiendo eso de #nolesvotes”. Os agradezco profundamente vuestros comentarios. También sé que a muchos no os ha gustado. Entre ellos iwisiw, de meneame.net, que ha dejado claro en los comentarios del enlace que está absolutamente en contra de #nolesvotes porque somos unos inocentes que le estamos haciendo el juego a los de siempre.

Que “todo el arco parlamentario está podrido” y que no hay alternativas, es una de las cuestiones más comunes que se nos presentan a los nolesvotienses. Sinceramente, entiendo ese pensamiento: “Todo es la misma mierda. ¿Por qué debería molestarme en ir a votar?” Yo también pensaba así antes de que mi amigo Catacroc me presentara #nolesvotes. Pero no más, claro. No obstante, lo entiendo.

Tú piensas que todos los partidos, aunque con sus diferencias abismales, claro está, son exactamente iguales en el fondo. Sabes exactamente por qué razón (o razones) no votarías a cada partido. Entiendes que las “alternativas” que #nolesvotes te dice que hay en realidad se refieren solo a los partidos mayoritarios. Piensas que tu abstención, o tu voto en blanco, serán entendidos como una rebelión. Que cuando vean que la mitad de los votos son blancos, entonces se darán cuenta. Que cuando los votantes dejen de ir a votar, las cosas tendrán que cambiar.

Mal.

¿Sabes cuánta gente se abstuvo de votar en las últimas elecciones catalanas de 2010? ¿Te lo imaginas? Míralo en Internet. El 40% no fue a votar. Contando con los votos en blanco, el 43%. Con estas cifras, el partido más votado en las últimas elecciones catalanas fue, sin duda, el no-partido, porque CiU, la fuerza política más votada, solo consiguió el 38,5% de los votos.

¿Sabes en qué ha cambiado el panorama político la abstención? En nada. Sí, es cierto, ha cambiado el gobierno en Cataluña. Pero eso no es por la abstención. El tripartito anterior salió de unas elecciones en que la abstención fue incluso mayor.

Sí, la enorme cifra de abstenciones, o de votos blancos, aparece en las noticias. Pero después se aplica la ley electoral con los votos que quedan. Cuantos más votos blancos hay, más injusto y desproporcionado se vuelve el reparto de poder y más se premia a los partidos más votados. Y más se castiga a los menos votados. Después de las matemáticas se publican los resultados. Se declara un vencedor. Y todo sigue igual que siempre. Nadie rectifica nada. Los partidos siguen manteniendo las reglas del juego, siguen negociando con tus votos y siguen desoyendo a los ciudadanos. Decir que abstenerse o que votar en blanco va a cambiar las cosas es no ver la realidad. Porque la realidad es que eso ya lo hemos probado, y no funciona.

#nolesvotes te propone que no tires tu voto, pero que no votes a los de siempre. Pero claro, a ti, que te parece que todos los partidos están podridos y que ninguno se salva, te corroe las entrañas tener que darle tu voto a alguno. Es un gran dilema. Por un lado comprendo que no quieras darle tu voto a alguien que no te representa al 100%, por otro lado tienes que comprender que el único que te representa a ti al 100% eres tú mismo. Como dije el domingo, “nunca llueve al gusto de todos” por lo que tal vez tengas que plantearte que, como es poco probable que encuentres a alguien que te represente al 100%, tal vez tengas que conformarte con un 90%, o un 80%.

Si decides que no estás dispuesto a aceptar menos, que prefieres tirar tu voto… ¿Has considerado la opción de Ciudadanos en Blanco? Para aclararnos: llegados a este punto, estamos en la situación de que tú no quieres darle el voto a nadie porque nadie te representa, así que has decidido no votar, o votar en blanco. Pero te encuentras con el dilema de que si no votas, no vas a cambiar las cosas y si votas en blanco, tampoco. Ciudadanos en Blanco es una opción en la que tu voto en blanco se convertirá en escaños vacíos o nulos. Un partido fantasma que estará ocupando su asiento lo menos posible e intervendrá en las sesiones nada o menos.

Claro, llegados a este punto, si me dices que tampoco quieres votar a Ciudadanos en Blanco, te tengo que preguntar: ¿por qué? Tu respuesta probablemente sea que te parece una patochada, un partido absurdo, casi como el Partido Pirata, o el Partido Cannabis por la Legalización y Normalización (que conste que YO no estoy diciendo que sean absurdos, eres perfectamente libre de escogerlos si sus programas te representan). ¿Por qué? ¿Te has tomado la molestia de leer su programa? ¿Has ido a preguntarles personalmente qué van a hacer con tu voto? ¿Acaso eres un vidente (y de los buenos) y sabes perfectamente que no te representan sin investigar? ¿O es que tienes prejuicios contra ellos por ser pequeños, o por ser nuevos? ¿No crees que tal vez por eso tienen muchos más ideales y los defienden más fuerte que los partidos mayoritarios? ¿No crees que precisamente por eso sí van a usar bien tu voto?

No, tú sigues con la idea metida en tu cabeza de que el estado de cosas actual es inamovible, y que no moverte es la mejor opción. Bien, es tu decisión. Es tu voto. Pero es la misma decisión y el mismo voto que llevas haciendo toda la vida. Es el mismo inmovilismo que hemos asumido todos. Y va a dar el mismo resultado de siempre: nada. Y cuando te veas acorralado en tus propias razones contra #nolesvotes te reirás de que te pidan el no-voto para ciertos partidos basándose exclusivamente en la Ley Sinde.

Mal.

Por enésima vez: que la Ley Sinde fue el detonante, sí. Seguro. Pero no es más que una de tantas en las que PPSOE ha hecho lo que ha querido sin pensar en la gente que les votó. Van a hacer lo que ellos quieren con tu voto, no lo que tú quieres que hagan con él. Y el no hacer nada va a dejarles hacer lo mismo.

Y entonces me dirás que intentar hacer algo es absurdo, porque las reglas del juego están puestas para que no podamos hacer nada. Que somos marionetas en un vaivén de poder en el que tenemos la ilusión de ser los jefes cada cuatro años, pero que en realidad no podremos cambiar esto. Y que somos ilusos si lo intentamos.

Mal.

Porque entonces estás incurriendo en una contradicción. Estás peleándote conmigo por intentar hacer algo para cambiar las cosas, cuando a ti te gustaría que cambiaran. Estás decidiendo no utilizar ese resquicio que te deja nuestra pseudodemocracia porque te derrotas a ti mismo antes de luchar. Estás diciendo con la boca “esto no me gusta” cuando con tus acciones (o no acciones) estás demostrando que no te importa.

Y claro, llegamos al punto en el que nos damos de bruces con la realidad. No te importa. Te has acostumbrado. Estás a gusto. No quieres cambiarlo. Te escudas en una visión negativa de tu entorno, pero te has acomodado a él, tanto que ahora alguien viene a hacer algo para intentar mejorarlo y te da miedo que lo cambien. E intentas que ellos hagan los mismo que tú. Que se acomoden.

Mal.

Porque llega el punto en el que no hay manera de acomodarse. Porque llega el punto en el que hay que decir “basta”. Y la gente que está dispuesta a cambiar las cosas va a utilizar cualquier resquicio posible que haya para cambiarlo, o para que ese resquicio cada vez se haga más grande y más grande, hasta que nos de suficiente margen de maniobra para cambiarlo. Y si no quieres unirte, vale. Ya has demostrado que quieres ser uno más en el bando del inmovilismo. Pero mi voto sigue siendo mío. Y mi voz también. Y seguiré defendiendo lo que creo hasta que sea una realidad. Y si en algún momento te das cuenta de que eso también te representa, entonces serás bienvenido.

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